Argus-a Vol. VIII Edición N° 32 / Junio 2019 / ISSN 1853-9904 / Index: MLA y Latindex / Bs. As.- Argentina
Festival Puerto de Ideas: un acierto cultural en Valparaíso con la ciudad como escenografía
Verónica Sentis - Chile
Vol. I Edición No. 2

aaaVerónica Sentis

Universidad de Playa Ancha, Valparaíso

Universidad de Chile

Chile

 

Festival Puerto de Ideas

No es posible cuestionar lo relevante que resulta instalar el debate sobre creación cultural y pensamiento en el seno de una comunidad. El proceso de ideación humano y su modo de funcionar es una pregunta que persigue a la especie, probablemente, desde que comenzó a tener conciencia de sí misma. ¿Cómo pensamos? Es una cuestión reiterada en los distintos ámbitos del conocimiento. Los modelos explicativos, siempre sustituciones de la realidad—vale decir sólo ficciones aceptadas—son variados y están en directa relación con la disciplina que lo aborda. Se propone una respuesta, se discute, se ajusta, sabiendo todos que la verdad (si es que hay una sola) escapa al resultado y, pareciera ser, hay que vivir con eso.

Sociólogos, semiólogos, astrónomos, filósofos, publicistas, psicólogos, historiadores, economistas y artistas en general, se preguntan sobre el proceso a través del cual alguien construye una obra de arte, una sociedad se articula comunitariamente, una persona logra salvarse del destino que le tenía asignado su contexto cultural. ¿Cómo se produce? ¿Podría repetirse a voluntad? ¿Podría develarse el mecanismo y así poder masificarlo?

El Festival Puerto de Ideas, localizado en Valparaíso, Chile, los días 4, 5 y 6 de noviembre de 2011, se  inscribe novedosamente entre los festivales de reflexión cultural que en Europa, especialmente en Italia, se realizan desde hace algunos años y en América Latina comienzan a tener una incipiente aparición. Este formato de festival de la reflexión, tiene como virtud lograr una ampliación del público objetivo, pues a través de su variedad de invitados, todos figuras trascendentes en cada una de las disciplinas, se atrae a una amplia gama de escuchas que quieren compartir el espacio, percibiendo en presencia, “sin  intermediaciones ni delegaciones que posibiliten la ausencia de los cuerpos” (Dubatti 17), a los más reconocidos pensadores del occidente actual.

 

La respuesta ciudadana fue masiva. En los tres días que duró el festival se contaron más de 8000 asistentes, agotándose con días de antelación las entradas de las ponencias más relevantes, como en el caso de “Creación y Sobremodernidad” charla dictada por Marc Augé (antropólogo francés) en la que intentaba dilucidar sobre qué tipo de creación generará un mundo en el que el encuentro es más virtual que presente. 

La programación era para sentirse estimulado. Sólo intentando dar una impresión general, destacamos “El genio femenino”, conversación sostenida entre Julia Kristeva (psicoanalista, semióloga y escritora búlgaro-francesa) y Sonia Montecinos (antropóloga y escritora chilena) buscando dilucidar qué características y circunstancias habían incidido para que Arendt, Klein y Colette devinieran mujeres relevantes del mundo cultural y si sería posible encontrar a alguien de su talla hoy en día.

Resaltamos también la charla “El tejido de la realidad: ideas fundacionales de la astronomía contemporánea” dictada por Jorge Melnick (astrónomo chileno de relevancia internacional), que indagaba sobre lenguaje, imagen mental y avance tecnológico, para una otra interpretación del cosmos.

Esclarecedor fue la conferencia de Ramón Latorre (neurocientífico porteño, también de talla internacional), que planteaba la existencia de un patrón común en el pensamiento creativo más allá de los campos disciplinares, siendo en todos los casos el resultado de un proceso de años de búsqueda y estudio que, en un momento determinado, cristaliza.

Las actividades se sumaban unas a otras, se superponían y multiplicaban. Los espectáculos coronaron cada fin de jornada, dando una sensación de Tiempo de Fiesta, de “Tiempo fuera del Tiempo”, como diría Mircea Eliade (Eliade, 559), que cortaba la sensación de cotidiano lineal para inscribir, en la fisura, el rito de la celebración. Las entradas en su mayoría fueron gratuitas y, las que no, tenían un precio tan bajo que costaban tres veces menos que los boletos de cine. 

No se puede (ni se quiere) negar la fecundidad del Festival. En el continuo de la realidad latinoamericana, esta iniciativa ha constituido una sorpresa. Una inclusión imprevista en las reflexiones de la contemporaneidad a las que generalmente en Chile uno accede de oídas, por libros, Internet o gente que fue y estuvo allí (siempre un lugar ajeno) y que al volver se los escucha con la devoción debida a los marineros relatando el nuevo mundo. Hay que hablar de oportunidad. 

Sabemos que ya se prepara la versión 2012. Podríamos atrevernos a tener expectativas. A esperarlo, a que esta vez no nos provoque el desconcierto de lo imprevisto. Por lo mismo, me permito reflexionar sobre algunas de las cosas que en esta primera versión ocurrieron.

La mayoría de los asistentes fueron santiaguinos que, interesados por la variedad de temas y charlistas, se radicaron por tres días en la ciudad. La difusión del evento en el propio Valparaíso fue tardía, apareciendo como una realidad paralela sobre la que muchos de los integrantes del movimiento cultural local no estaban enterados.

La planificación de las 17 actividades tuvo rasgo de aterrizaje, faltando articulación o debate entre los organizadores y los pensadores porteños (artistas, profesores universitarios, gestores culturales, etc.) lo que impidió poner un acento particular que fuera conector entre la radicación geográfica elegida y el Festival mismo. Si bien las actividades estaban estratégicamente emplazadas en distintos lugares del puerto, lo que considero un acierto pues propiciaba el recorrido de la ciudad, éste quedó como una bella y particular escenografía, al no aparecer un vínculo explícito que justificara la elección de Valparaíso para su realización, más allá de su contradictoria belleza.

Por otra parte, para nadie es un secreto lo que ha estado ocurriendo en Chile durante los últimos seis meses. Los estudiantes, en toma de sus establecimientos, han emplazado al gobierno de Sebastián Piñera y a la clase política, para que se dignen a implementar la gratuidad y el acceso igualitario a la educación. Se han tomado las calles dos veces por semana, han incorporado el tema a la discusión país. Han abordado el problema con una creatividad nueva, no setentera, impactando a una comunidad de este siglo, donde el humor y las redes sociales multiplican las acciones. Se han enfrentado sólo con argumentos a una injustificable represión policial.  Han marcado el inicio de otra etapa del país. A pesar de ello, el Festival no logra incorporar en su programación el aire de los tiempos. Aparece en otra dimensión del conocimiento, no se vincula con un movimiento social por la reapropiación de la cultura, que tiene el 80% de apoyo de la población. Si bien algunos de los expositores establecieron relaciones con el movimiento, como Marc Augé y su charla fuera de programa y Julia Kristeva y su análisis del concepto del Revuelta, desde la perspectiva de retroceder, mirar atrás para luego avanzar, esto no alcanza a constituir una vinculación.

Sería triste descubrir que este desacierto se debe a la presencia de Instituciones gubernamentales en el rol de Patrocinio, como es el caso de la Municipalidad de Valparaíso y de la Intendencia. Sería lamentable pensar que esta postura tiene que ver con lineamientos dados por el mayor auspiciador del Festival, como lo es el Instituto de la Felicidad Coca-Cola.

Prefiero pensar que es falta de experiencia, que no existe una decidida intención de negación y que podemos esperar que, el año próximo, seamos nuevamente parte del debate sobre el mundo actual, en un festival que combine la contemporaneidad del pensamiento con nuestra propia realidad.

 

 

© Verónica Sentis


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