Cartea şoaptelor –El libro de los susurros– se publicó en Rumanía en 2009 y es la obra más conocida de Varujan Vosganian, escritor y político rumano de origen armenio. Ha sido traducida a numerosas lenguas y ocupa hoy un lugar reconocido entre las narraciones literarias sobre el genocidio armenio de 1915.

De dónde viene el título

El libro se organiza alrededor de la infancia del narrador en Focşani, una ciudad rumana con comunidad armenia, y de las voces de los mayores: el abuelo Garabet, el abuelo Setrak, los vecinos que se reúnen a tomar café y a recordar.

Susurro es la palabra exacta y no una metáfora ornamental. Lo que se cuenta se cuenta en voz baja por dos razones acumuladas: porque lo ocurrido en 1915 resultaba difícil de decir en voz alta, y porque en la Rumanía comunista hablar de ciertas cosas era peligroso.

El libro opera así en dos capas de silencio, y esa superposición es lo que lo distingue de otras narraciones sobre el mismo hecho.

Una memoria de segunda mano

El narrador no vivió el genocidio. Nació mucho después y lo conoce sólo por lo que le contaron, y la novela no disimula esa condición.

Ese estatuto tiene un nombre en los estudios sobre memoria: posmemoria, la relación de la generación siguiente con un trauma que no experimentó pero que estructura su vida familiar. Es un concepto formulado a propósito del Holocausto y aplicable con precisión aquí.

La forma del libro deriva de ahí. No hay una narración continua de los hechos sino fragmentos, retratos, objetos, digresiones y repeticiones, porque así es como una memoria heredada llega: sin orden, con huecos, con las mismas historias contadas muchas veces y siempre distintas.

Los objetos

Un rasgo característico del libro es la atención a las cosas. Una fotografía, un molinillo de café, una alfombra, un libro de cuentas.

En una comunidad dispersada por la violencia, el objeto es lo que quedó y lo que puede tocarse cuando el relato falla. La novela los describe con cuidado y los usa como puntos de apoyo narrativos: cada uno abre una historia.

Es un procedimiento eficaz contra el riesgo principal de este tipo de literatura, que es la abstracción. Una cifra no se recuerda; un molinillo sí.

Genocidio y comunismo en el mismo libro

La segunda mitad incorpora la experiencia de la comunidad armenia bajo el régimen de Ceaușescu: las deportaciones internas, el canal Danubio-Mar Negro, las detenciones.

Poner las dos violencias en el mismo libro es una decisión arriesgada y la novela la sostiene sin igualarlas. Lo que muestra es la continuidad de una posición: una comunidad que sobrevivió a un exterminio y que, instalada en otro país, volvió a encontrarse bajo un Estado que la vigilaba.

Por qué se lo lee fuera de Rumanía

El genocidio armenio produjo relativamente poca literatura de circulación internacional comparado con su magnitud, en parte por la dispersión de la diáspora en muchas lenguas y en parte por la negación oficial sostenida durante un siglo.

El libro de los susurros llegó a un público amplio porque no es un alegato. Es una novela sobre cómo una familia guarda lo que no puede decir, y ese asunto resulta legible para lectores sin ninguna relación con el caso armenio.

Su forma –fragmentaria, digresiva, apoyada en objetos y en voces– es la contribución específica que hace al conjunto de la literatura sobre atrocidades del siglo XX.