Sección
Cine latinoamericano: crítica del cine argentino, mexicano y brasileño
El cine argentino y el cine mexicano concentran la mayor parte del material de esta sección, y la razón no es el gusto sino el archivo: son las dos cinematografías de la región con producción industrial sostenida durante más tiempo, y por lo tanto las que permiten estudiar cómo se fabrica una figura pública. La crítica que se publica aquí trabaja sobre ese tipo de pregunta.
Todo en Cine
9 piezas
| Título | Extracto |
|---|---|
| Pornochanchada: el cine que la crítica despreció y el público sostuvo | Comedias eróticas producidas en la Boca do Lixo paulista durante la dictadura. Fueron el género más taquillero del país y el más ausente de su historia oficial. |
| Alicia en el pueblo de Maravillas: retirada de cartel en cuatro días | Una comedia alegórica sobre un pueblo del que nadie puede salir, estrenada en 1991 y sacada de cartel casi de inmediato. El escándalo cambió el ICAIC. |
| Ricardo Darín en Carancho: la estrella usada en contra de sí misma | Trapero toma al actor en quien el público argentino más confía y lo pone a hacer algo sórdido. El procedimiento depende enteramente de lo que el espectador trae puesto. |
| La patota, dos veces: 1960 y 2015 | La misma historia filmada con cincuenta y cinco años de distancia. Comparar las dos versiones es la forma más precisa de medir qué cambió en Argentina sobre la violencia sexual. |
| Sara García: la abuela de México y la vida que el tipo no dejaba ver | Se hizo extraer los dientes a los cuarenta y dos años para interpretar ancianas. Durante medio siglo el cine mexicano la usó como garantía de familia, mientras su vida privada quedaba fuera de plano. |
| Lana Wachowski y los personajes LGBTQ de Sense8 | Ocho desconocidos conectados mentalmente, rodados en ocho ciudades reales. La serie convirtió un recurso de ciencia ficción en un argumento sobre la identidad. |
| Tomás Gutiérrez Alea: crítica desde adentro | Filmó cuarenta años dentro de la Revolución cubana sin dejar de señalar sus contradicciones. La obra más incómoda y más duradera del cine de la isla. |
| La China Poblana: de esclava asiática a traje nacional mexicano | Detrás del vestido bordado hay una mujer secuestrada en Asia y vendida en Manila. La distancia entre esa biografía y el símbolo es el tema. |
| El cine de ficheras: la comedia erótica mexicana y su archivo urbano | Cabarets, vecindades y albures. El género que llenó las salas mexicanas en los setenta y ochenta registró una ciudad que el cine respetable no filmaba. |
Crítica: leer la película y leer su circulación
Una película se puede leer como texto – encuadre, montaje, actuación – y como objeto social, y las dos lecturas rara vez coinciden. La crítica de esta sección intenta sostener ambas: describir qué hace el film y después qué hizo el film cuando salió.
Eso importa especialmente en el cine latinoamericano, donde la censura, los sistemas de fomento y los cambios de régimen intervinieron de forma directa en lo que podía filmarse. Una película cubana de 1991 y una argentina de 1976 no se dejan leer sin ese dato.
Cine mexicano: la estrella como institución
El cine mexicano de la Época de Oro construyó un repertorio de tipos – la abuela, el charro, la rumbera, el pelado – que sobrevivió al sistema de estudios que los produjo. Sara García fue literalmente “la abuelita de México” durante décadas, un caso donde la persona pública y el estereotipo se vuelven indistinguibles.
Ese mecanismo es lo que interesa aquí: cómo una industria fija una figura, qué borra para fijarla, y qué ocurre cuando una biografía real no coincide con el tipo. La comedia erótica mexicana de los años setenta y ochenta – las ficheras – ofrece el reverso del mismo proceso, con su propio lenguaje de espacios y estereotipos.
Cine argentino: el antihéroe y el remake
En el cine argentino contemporáneo la pregunta se desplaza de la estrella al antihéroe. Figuras como el abogado de Carancho de Pablo Trapero funcionan porque el público ya trae una relación con el actor, y la película la usa en contra de sí misma.
El remake es el otro dispositivo que esta sección observa. La patota existe como film de 1960 y como film de 2015, y comparar las dos versiones es una manera precisa de medir qué cambió en el país entre una fecha y otra – en el tratamiento de la violencia sexual sobre todo. La crítica gana bastante cuando puede apoyarse en un caso así.
El margen: Perrone y el cine que se hizo sin industria
La sección presta atención sostenida al cine argentino producido fuera del circuito industrial, y Raúl Perrone es el caso que mejor lo concentra. Su trilogía de Ituzaingó – Labios de churrasco (1994), Graciadió (1997) y 5 pal’ peso (1998) – se filmó con presupuestos mínimos, actores no profesionales y el conurbano bonaerense como escenario y como tema. Lo que hace a esas películas interesantes para la crítica no es la precariedad sino lo que la precariedad obligó a inventar: un tiempo narrativo lento, una cámara que se queda cuando la industria cortaría, y personajes marginales filmados sin la distancia compasiva del cine social.
La crítica que se ocupa de ese cine suele llegar al mismo lugar: los personajes de Perrone son seres disfuncionales, y la película no los corrige ni los explica. No hay redención, no hay ascenso y no hay lección; hay una cámara que se queda mirando a gente a la que el relato social argentino no le había dado tiempo de plano. La representación de lo marginal es, en esa filmografía, una cuestión de duración antes que de tema.
Ese linaje – el Nuevo Cine Argentino de los noventa y lo que vino después – aparece aquí junto al cine de estudios, no debajo de él. Un plano rodado en una esquina de Ituzaingó y una producción de los Estudios Churubusco plantean el mismo problema crítico con recursos opuestos, y la sección prefiere leerlos en la misma serie.
Censura, fomento y las instituciones que decidieron qué se filmaba
Una película de la región casi nunca es sólo una película: es también el resultado de una ley de cine, un crédito estatal, una cuota de pantalla y, durante largos períodos, una oficina de censura. El cine argentino tuvo un instituto de fomento desde 1957 y una junta de calificación que prohibió, cortó y devolvió guiones durante décadas. El cine mexicano vivió del banco cinematográfico estatal y de un sindicato que controlaba quién podía dirigir.
La crítica que esta sección publica lee esos dispositivos como parte de la obra. Saber que una escena se filmó dos veces, una para el estreno local y otra para la exportación, explica más sobre una película que cualquier lectura que ignore el expediente. Cuando el material existe, el expediente se cita.
Ver hoy: copias, restauración y qué queda del catálogo
El cine latinoamericano tiene un problema de conservación que condiciona todo lo que se puede decir sobre él. Buena parte de la producción en nitrato se perdió, los negativos de los años setenta se guardaron mal y una fracción importante del catálogo del cine mexicano y del cine argentino sólo circula hoy en transferencias de video de baja calidad hechas para la televisión de los ochenta.
Eso obliga a una honestidad elemental: quien escribe sobre una película debe decir qué copia vio. Una restauración reciente y un archivo de televisión recortado para el formato de pantalla no son la misma obra, y la diferencia afecta al color, al encuadre y a veces al montaje. Esta sección prefiere declarar la fuente antes que hablar de una película como si existiera una sola versión de ella.
Brasil, Cuba y el resto del cine latinoamericano
Fuera del eje argentino-mexicano el material se concentra en dos zonas. La pornochanchada brasileña de los setenta, largamente despreciada, resultó ser un archivo notable sobre clase, deseo y censura. Y el cine cubano del ICAIC, con Tomás Gutiérrez Alea a la cabeza, produjo la obra más sostenida de autocrítica desde dentro de una revolución que el cine latinoamericano haya dado.
Ambos casos se leen mejor junto a cuerpo y género y a historia y política, que es donde esta sección apoya buena parte de su crítica.
Preguntas frecuentes
¿Por qué predominan el cine argentino y el mexicano?
Por el archivo. Son las dos cinematografías de la región con producción industrial sostenida durante más tiempo, y por lo tanto las que permiten estudiar cómo se fabrica una figura pública.
¿Se publican críticas de estrenos?
No. La sección trabaja sobre películas que ya tienen historia de recepción, porque parte de lo que analiza es qué hizo el film cuando salió.
¿Por qué se estudia cine considerado menor?
Porque la pornochanchada brasileña y la comedia de ficheras mexicana son archivos extensos sobre clase, deseo y censura. Un producto puede ser reaccionario en su ideología y valioso como documento.
¿Se cubre televisión y streaming?
Cuando el objeto lo justifica. Una serie con una construcción autoral clara entra en la sección; el criterio es la obra, no el soporte.