Carancho, dirigida por Pablo Trapero y estrenada en 2010, cuenta la historia de Sosa, un abogado inhabilitado que se gana la vida captando víctimas de accidentes de tránsito para una organización que cobra indemnizaciones y se queda con la mayor parte. El título es el nombre del ave carroñera y también el apodo con el que en Argentina se conoce a ese oficio.

El papel lo hace Ricardo Darín, y ahí está el argumento del film antes incluso de que empiece la trama.

Qué significa Darín

Para hablar de esto hay que aceptar un hecho que la crítica académica suele esquivar: el significado de un actor no está en la película sino en la cabeza del espectador, y se construye a lo largo de años.

Hacia 2010 Darín era, sin competencia, el actor de mayor confianza del público argentino. Venía de Nueve reinas, El hijo de la novia, Luna de Avellaneda y El secreto de sus ojos, que había ganado el Oscar el año anterior. El tipo que había consolidado combinaba decencia cansada, ironía y una humanidad sin épica. Era, en la expresión corriente, “un tipo como uno”.

Ese capital es exactamente lo que Trapero necesita para que Carancho funcione.

La operación

El film no convierte a Sosa en un villano. Lo deja ser reconociblemente Darín – el mismo humor resignado, la misma cortesía – mientras lo muestra fabricando accidentes, negociando con médicos y presionando a heridos.

La disonancia se produce en el espectador, no en la pantalla. Uno sigue queriendo que le vaya bien, y esa adhesión involuntaria es el tema real de la película: cómo se justifica la propia participación en un sistema corrupto, un paso razonable detrás de otro.

Si el papel lo hiciera un actor sin esa carga, el film sería una denuncia sobre un delincuente menor. Con Darín es una denuncia sobre el público.

El envés: Luján

El procedimiento se apoya en un contrapeso. Martina Gusmán interpreta a Luján, médica de emergencias recién llegada, agotada, enganchada a estimulantes para soportar las guardias. Ella no arrastra historia estelar, y por eso funciona como medida: su cansancio es físico y concreto, sin aura.

La relación entre ambos es el eje emocional, y la película se cuida de no redimir a nadie a través del amor. El final, seco y sin música, cierra sin ofrecer salida.

El género y el país

Carancho pertenece a una zona del cine argentino de los dos mil que tomó recursos del policial para hablar de instituciones: la policía, la justicia, el sistema de salud, las aseguradoras. Trapero venía de ese trabajo desde El bonaerense y siguió después con Elefante blanco.

La elección del accidente de tránsito como materia no es arbitraria. Las cifras de siniestralidad vial argentina eran y siguen siendo altas, y alrededor de ellas existe una economía real de juicios e indemnizaciones. El film parte de un hecho verificable y construye ficción encima, no al revés.

Por qué el caso interesa a la crítica

Porque exhibe algo que suele quedar implícito: que el reparto es una decisión de sentido tan fuerte como el guion. La teoría del estrellato lleva medio siglo sosteniéndolo, pero los ejemplos suelen venir de Hollywood.

Carancho ofrece uno latinoamericano y particularmente limpio, porque el actor implicado tiene un significado público casi unánime en su país. La película lo toma prestado y lo gasta deliberadamente, y ese gasto es su recurso principal.