Aimé Césaire (1913-2008), poeta y político martiniqués, fundador junto con Léopold Sédar Senghor y Léon-Gontran Damas del movimiento de la negritud, escribió Une Tempête en 1969. El subtítulo de la primera edición indica el programa: adaptación de La tempestad de Shakespeare para un teatro negro.
Los cambios
Son pocos y decisivos.
Césaire asigna razas explícitas a los personajes: Calibán es un esclavo negro, Ariel un esclavo mulato, Próspero un amo blanco. Lo que en Shakespeare es ambiguo –Calibán es un monstruo de naturaleza indeterminada– aquí se vuelve una situación colonial concreta.
Introduce a Eshu, deidad yoruba tramposa y mensajera, que irrumpe en la mascarada que Próspero organiza y la desbarata. La cosmología africana entra en la obra como fuerza que el amo no puede administrar.
Calibán rechaza su nombre, que le fue impuesto, y exige que lo llamen X. La referencia a Malcolm X es deliberada y sitúa la obra en el momento de las luchas por los derechos civiles y la descolonización.
Y el final cambia. En Shakespeare, Próspero renuncia a su magia y vuelve a Milán. En Césaire se queda en la isla, envejecido, hablando solo, incapaz de existir fuera de la relación de dominio que construyó.
La discusión entre Ariel y Calibán
El corazón de la obra es un diálogo entre los dos esclavos que no está en Shakespeare.
Ariel cree en la persuasión: espera que Próspero, tocado por la razón y la paciencia, conceda la libertad. Calibán sostiene que nada se concede y que la libertad se toma.
Césaire no resuelve la discusión con una victoria clara, y ese equilibrio es lo que ha permitido que la obra se lea desde posiciones políticas distintas durante medio siglo. La escena reproduce una discusión real de los movimientos de descolonización sobre reforma y ruptura.
Césaire dramaturgo y político
El dato biográfico importa porque no es adorno. Césaire fue alcalde de Fort-de-France durante cincuenta y seis años y diputado en la Asamblea Nacional francesa. Fue autor del proyecto de ley de 1946 que convirtió a Martinica en departamento de ultramar.
Es decir que fue, él mismo, un Ariel: alguien que eligió la vía institucional dentro del marco francés. Que escribiera una obra donde Calibán tiene los mejores argumentos dice algo sobre su lucidez respecto de su propia posición.
Su Discurso sobre el colonialismo (1950) es, por otra parte, uno de los textos anticolonialistas más duros del siglo, con su tesis de que el nazismo fue la aplicación en Europa de los métodos que Europa había practicado en las colonias.
Su lugar en la escena
Une Tempête forma parte de un conjunto de reescrituras caribeñas y africanas de clásicos europeos que fue una estrategia deliberada de la descolonización cultural: usar la obra canónica del colonizador y hacerla decir otra cosa.
La estrategia tiene un límite que la crítica señaló: al reescribir a Shakespeare se confirma su centralidad. Césaire lo sabía y la eligió igual, por una razón práctica: era el texto que el público educado del centro reconocía, y por lo tanto el que permitía ser escuchado.
En términos teatrales la obra se sostiene sola. Es breve, tiene ritmo, y su Calibán es un papel que los intérpretes siguen queriendo hacer.