El relato del arca de Noé ocupa los capítulos 6 a 9 del Génesis: Dios decide destruir a la humanidad por su corrupción, avisa a un hombre justo, le indica las medidas exactas de una embarcación, y salva con él a su familia y a una representación de cada especie animal.
No es el relato de diluvio más antiguo que conocemos, y el hecho está establecido desde hace siglo y medio.
El antecedente mesopotámico
En 1872 George Smith, asistente del Museo Británico, descifró una tablilla cuneiforme procedente de Nínive que contenía un relato de diluvio notablemente parecido al bíblico. Formaba parte de la Epopeya de Gilgamesh, y la noticia causó revuelo.
En la tablilla XI de esa epopeya, Utnapishtim cuenta a Gilgamesh cómo los dioses decidieron destruir la humanidad, cómo el dios Ea lo previno en secreto, cómo construyó una nave siguiendo medidas precisas, embarcó animales, sobrevivió a la tormenta y soltó después aves para comprobar si había tierra seca.
Existen versiones aún anteriores, en sumerio y en acadio –el relato de Ziusudra, el poema de Atrahasis–, que sitúan el material varios siglos antes de la redacción del texto hebreo.
Las diferencias, que es donde está el sentido
Que los relatos se parezcan es el dato menos productivo. Lo que importa es en qué difieren, porque ahí se ve qué hizo cada cultura con el mismo material.
En la versión mesopotámica los dioses envían el diluvio porque la humanidad se ha multiplicado y hace demasiado ruido: los molesta, no pueden dormir. El motivo es caprichoso y los dioses actúan por irritación.
En el Génesis la causa es moral: la corrupción y la violencia de los hombres. El diluvio es un juicio, no una molestia.
Segunda diferencia: en Mesopotamia un dios traiciona a los demás y avisa a escondidas. En el texto hebreo hay un solo Dios que decide, avisa y cumple; no hay conflicto entre deidades.
Tercera: el desenlace. La epopeya termina con Utnapishtim convertido en inmortal, un caso único. El Génesis termina con una alianza, el arco iris como signo, y una promesa de no repetición que vincula a Dios con toda la humanidad.
Qué cambia cada versión
El paso de un relato a otro documenta un cambio en la concepción de lo divino: de dioses imprevisibles cuya voluntad hay que adivinar, a un Dios que actúa según una norma y que se compromete por contrato.
Esa es la transformación que el material comparado permite observar, y es más interesante que la pregunta sobre si el diluvio ocurrió.
Sobre esa pregunta
Se han propuesto varias hipótesis de base histórica: inundaciones catastróficas del Tigris y el Éufrates, o el llenado del mar Negro hacia el 5600 a.C., que fue objeto de una hipótesis discutida y no aceptada de manera general.
La geología descarta un diluvio universal simultáneo. Y para la lectura del mito la cuestión es lateral: un relato de diluvio no necesita una inundación real para explicarse, porque cualquier sociedad fluvial conoce la crecida que destruye todo y la posibilidad de empezar de nuevo.
Ese es el contenido del mito y la razón de su difusión. No habla de un acontecimiento sino de una experiencia repetida, y de la necesidad de darle una forma en la que el mundo, después, siga existiendo.